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Viena, ciudad mendeliana

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Por Publicado: 22 febrero, 2026

El resumen de un viaje inolvidable

¡Poco se habla de lo bien que nos lo hemos pasado! Disculpen la franqueza, pero ese es el resumen. No es que lo hayamos pasado bien, es que el viaje del colegio a Viena ha sido muy divertido. Ha dado para todo menos, casi, para dormir.

Aunque muchas anécdotas se quedarán en Viena, todavía hacen que los veinte colegiales que las vivieron se rían al recordarlas. Como no es plan de contar en detalle las más graciosas, sí que podemos relatar lo oficial, lo que estaba en el programa.

Palacios, frío y alguna caída

El plan del viaje incluía una visita al palacio de Schönbrunn, de nombre difícil de decir y tamaño enorme. Los reyes de CIU, los mendelianos, visitamos este lugar, que fue la casa de los Austrias del Imperio Húngaro durante años. Vimos todas las salas posibles y luego, como si el frío helado no importase, dimos una vuelta por los largos jardines.

Hubo tiempo para que algún colegial creyera que el agua de las fuentes barrocas estaba de verdad congelada. No diremos quién fue, pero sí que metió, sin duda, la pata. Algún otro, animado, resbaló. Esto provocó la risa de varios austriacos y turistas que paseaban por allí.

De Klimt al castillo de Bratislava

Viena es una ciudad genial y la cosa iba de palacios. Vimos también el Belvedere, con sus joyas de arte. Los cuadros de Klimt dejaron a más de un mendeliano con la boca abierta. Alguno ni la cerró porque el dinero, a esas alturas, era justo y solo daba para una audioguía. Por eso, algunos compañeros narraron la visita al escucharla. Los mejores guías, los del Mendel.

Menos increíble, pero con más aventura, fue el castillo de Bratislava, por donde también dejamos huella. Hacía frío, eso es lo más notable de una ciudad donde lo pasamos muy bien. Aunque no tenía muchos planes, nosotros creamos un buen ambiente con la ayuda de Joseph, nuestro guía eslovaco, o Katiuska, la camarera de nuestro restaurante.

Paseos, comida y un grupo más unido

Por lo demás, hubo tiempo para muchos paseos… Vimos lo típico – ayuntamiento, parlamento, museos, iglesia, avenidas, mercado, ópera… – y lo no tan típico, como algún puesto de kebab o una discoteca muy antigua. Conocimos, de paso, el transporte de Viena. Con él llegábamos a todos los sitios desde el hotel, cuyo guarda de noche tenía un humor raro, poco afín a nuestra forma de ser española.

Mientras, había que comer. Probamos muchas salchichas, patatas de varias formas y mucha carne austriaca. Las comidas y las cenas de todos sirvieron para unirnos más. Lo cierto es que formamos un grupo muy unido aunque no éramos del mismo curso ni del mismo lugar.

Ahora ya somos amigos. Para eso, al final, sirvió Viena, para hacer del Mendel un sitio en el que todos nos conocemos – y nos queremos – un poco más.

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